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La vida sexual y sentimental de Freud

Tercera Cultura Ciencia para el debate público Menú Buscar Buscar Inicio Sobre nosotros Humanismo secular Contacto Cerrar Menu Ciencia y sociedad, Divulgación Científica, Tercera Cultura, Traducciones Publicado en 19 octubre, 2013 comentarios 5 ¿Qué desean las mujeres? escrito por Noam Shpancer ¿Qué desean las mujeres? Sigmund Freud es famoso por hacer esta pregunta, pero no tenía una respuesta. Incluso hoy, la cuestión de qué motiva el deseo sexual de las mujeres sigue resonando. Se ha probado que las respuestas definitivas son esquivas. Entendemos bastante bien lo que quieren los hombres. En general, su deseo sexual es ordenado, consistente, y estrechamente dirigido. Un hombre heterosexual es heterosexual. Si le muestras sexo heterosexual, su fisiología sexual y su deseo van a la vez. El sexo homosexual le dejará frío tanto física como emocionalmente. En los hombres hay un excelente ajuste entre la excitación fisiológica (medida por la tumescencia del pene) y el nivel de deseo. El éxito de la viagra demuestra la simplicidad del mecanismo masculino. La viagra no se dirige al deseo, pero funciona incrementando el flujo sanguíneo genital y permitiendo la erección. Aparentemente, esto es todo lo que se necesita. Si se alza el pene, el deseo espera. La historia de las mujeres es muy diferente. Al cuerpo femenino, según muestran estudios, le gusta todo, o al menos responde a todo (o bien no sabe lo que le gusta, como diría un cínico). La excitación fisiológica femenina (medida por la lubricación vaginal) tiene lugar en respuesta a ver casi todo tipo de actividad sexual: hombres con mujeres, mujeres con mujeres, hombres con hombres. Incluso ver sexo entre bonobos estimula la excitación en las mujeres. Los investigadores canadienses Kelly Suschinsky y Martin Lalumiere han propuesto que este patrón de excitación inclusivo es una adaptación evolutiva. De acuerdo con su teoría, la vagina se humedece ante casi cualquier pista de actividad sexual próxima con el fin de proteger a la mujer de daños en caso de violación o violencia sexual. Esta excitación no necesariamente está relacionada con los deseos sexuales, las intenciones o las preferencias de la mujer. Después de todo, las mujeres realmente no desean tener sexo con bonobos. De hecho, parece que a diferencia de los hombres, las respuestas objetivas del cuerpo de las mujeres no reflejan sus deseos mentales subjetivos. Esta es una razón por la que la Viagra no funciona para las mujeres. La preparación física no implica el deseo. Que una mujer pueda tener sexo no significa que quiera tenerlo. ¿Qué es lo que quiere entonces? Esta cuestión, tal como intuyó Freud, no es fácil de responder. Por un lado, hay considerables evidencias de que las mujeres buscan y priman el sentido de intimidad y cercanía emocional con sus compañeros sexuales. La razón para esto parece clara y lógica. Al disponer de un útero para un feto cada vez, una mujer no consigue ninguna ventaja evolutiva obvia de la promiscuidad. Al no disponer de semilla que propagar, el sexo con más personas no resulta en más descendencia genética potencial. Más aún, las mujeres tienen más riesgos que los hombres de padecer violencia sexual y enfermedades de transmisión sexual, sin mencionar el riesgo único de embarazo. A las mujeres les conviene ser cuidadosas escogiendo sus parejas sexuales. Además, el orgasmo femenino se consigue de forma menos eficaz que el masculino. Las ventajas de disfrutar de sexo casual y anónimo son menores para las mujeres. Por tanto, es preferible que una mujer conozca bien a su pareja antes de tener sexo si desea incrementar sus posibilidades de placer y minimizar sus posibilidades de sufrir daños. A partir de esta lógica se sigue la afirmación de que las mujeres están bio-programadas para querer relaciones, no sexo. que necesitan una relación estable e íntima para sentirse excitadas y en consecuencia que están hechas para la monogamia sexual y el matrimonio. ¿Problema resuelto? No tan rápido. En primer lugar, más estudios recientes muestran que las diferencias de género en el número de parejas sexuales se reduce o desaparece del todo si a las mujeres se les dice que están conectadas a un detector de mentiras y que la información que proporcionan será confidencial. En otras palabras, cuando una mujer se siente lo bastante segura o de otro modo obligada a contar la verdad sobre su conducta sexual, la historia que cuentan se asemeja a la historia masculina. Más aún, si las mujeres creen que no resultarán dañadas y que el sexo estará bien, su disposición a tener sexo casual se iguala con la de los hombres. La suspicacia femenina hacia las posibles infidelidades también puede ser deducida, de acuerdo con el trabajo del psicólogo evolucionista David Buss, a partir del mismo fenómeno de los celos masculinos, común a todas las sociedades y relacionado consistentemente con los miedos de los hombres a la infidelidad. Si las mujeres en realidad no quieren sexo fuera del matrimonio, ¿por qué son tan suspicaces y celosas? ¿Por qué poner señales de stop en una calle sin tráfico? En segundo lugar, estudios recientes indican que la sexualidad humana está adaptada para la competición de esperma. En otras palabras, nuestro pasado evolutivo programó a las mujeres para buscar sexo con hombres diferentes en cortas sucesiones, y así hacer que su esperma compita inter-vaginalmente por el derecho a la paternidad. Por tanto, aunque las mujeres podrían no buscar la diseminación de ninguna semilla, sí que selecciona entre múltiples variedades de hombres. Estudios recientes indican que los objetos de la atracción sexual femenina varían con el ciclo menstrual. Durante sus días fértiles, las mujeres tienden a fantasear con hombres con altos niveles de testosterona que no son buenos candidatos para la monogamia, pero poseen genes masculinos saludables. Es difícil estimar cuánto actúa secretamente este impulso en las mujeres casadas, pero este tipo de “caza furtiva de semen” parece bastante normativo entre nuestros parientes primates. Los hombres, por su parte, también están diseñados para esta competición de esperma. El biólogo Robin Baker de la universidad de Manchester averiguó, por ejemplo, que la cantidad de esperma que descarga un hombre durante el acto sexual con su mujer no depende del tiempo que transcurre desde la última eyaculación del hombre sino del tiempo que transcurre desde la última vez que tuvo sexo con su mujer. Si pasa mucho tiempo (incrementando las posibilidades de que la semilla de otros haya encontrado su camino en la vagina de su esposa), la eyaculación del esposo contiene más células espermáticas, lo cual incrementa sus posibilidades competitivas. El sexo después de una larga separación tiende a ser más intenso y prolongado. Esto es así porque los actos sexuales largos incrementan las posibilidades de que la mujer alcance el orgasmo. De acuerdo con la investigación de Baker y el biólogo Mark Bellis, las contracciones del músculo uterino que acompañan el orgasmo femenino ayudan a retener el esperma en el interior de la vagina y lo dirigen hacia los ovarios y la fertilización. Más aún, las evidencias sugieren que las mujeres inician divorcios más a menudo que los hombres, y que se benefician menos del matrimonio que los hombres según medidas de salud, felicidad y riqueza. Adicionalmente, tal y como es bien conocido por psicólogos clínicos y consejeros matrimoniales de todas partes, muchas mujeres que se sienten cercanas a una pareja sentimental de cualquier modo no sienten pasión hacia ella. El investigador australiano Lorraine Dennerstein descubrió que el declive en la libido de la mujer a lo largo de los años adultos está fuertemente relacionado con la pérdida de interés sexual  en sus parejas de larga duración. Si la monogamia, la intimidad y la comunicación son los motores del deseo femenino, ¿por qué se esfuma su pasión en el matrimonio? ¿Por qué desean en secreto pastar en campos extraños? ¿Por qué no se benefician más del compromiso monógamo? ¿Por qué están tan dispuestas a romperlo? A la luz de nuevos hallazgos de investigación, la antigua narrativa según la cual las mujeres desean relaciones más que sexo y por tanto están hechas para la monogamia, comienza a resquebrajarse. En su lugar, emerge una nueva narrativa en la cual el deseo sexual femenino es poderoso, flexible y complejo, incluso subversivo. Como evidencia adicional, la psicóloga del desarrollo Lisa Diamond de la universidad de Utah descubrió que muchas mujeres experimentan sus intereses sexuales como algo fluido y abierto, implicando en tiempos diferentes a hombres, mujeres o ambos. El investigador Richard Lippa de la universidad del estado de California ha descubierto que, a diferencia de los hombres, cuyo apetito sexual se estrecha a medida que aumenta, las mujeres sexualmente activas muestran una orientación crecientemente abierta. Las mujeres con libidos más altas tienen más posibilidades de sentir deseos hacia miembros de ambos sexos.  Marta Meana, investigadora de la universidad de Nevada, ha argumentado de forma provocadora que el principio organizador de la sexualidad femenina es el deseo de ser deseada. Según su punto de vista, los intentos de los tipos delicados que piden permiso de forma muy educada puede que cumplan las expectativas de las políticas de género (trátame como una igual, respétame, comunícate conmigo) y con las preferencias de los padres, pero podrian entrar en un “coma sexual”, no a pesar de estas cualidades, sino a causa de ellas. El deseo femenino, de acuerdo con Meana, se activa cuando una mujer se siente irresistiblemente deseada, no considerada de forma racional. La literatura erótica femenina, incluyendo las sombras de Gray, se construye sobre esta fantasía. El deseo sexual según este punto de vista no es “políticamente correcto” y no funciona de acuerdo con nuestras expectativa y valores sociales. El deseo busca el camino del deseo, no el deseo de la corrección. No descansa en el orden social sino en su negación. Esta es una razón por la que todas las religiones y todas las sociedades tratan de controlarlo, contenerlo, limitarlo y redirigirlo. Marta Meana hizo que hombres y mujeres observaran imágenes eróticas mostrando contactos entre un hombre y una mujer, y siguió la pista de los ojos de los participantes. Descubrió que los hombres y las mujeres se fijan en aspectos diferentes del sexo. Los hombres miraron a las mujeres. Las mujeres miraron a ambos géneros igualmente. Se concentraron en la cara del hombre y en el cuerpo de la mujer. Lo que les excitó, aparentemente, era el deseo del cuerpo femenino, con el cual se identificaban, y la lujuriosa mirada del hombre que ansiaban. En este sentido, argumenta Meana, pese a lo que se cree comúnmente, la sexualidad femenina es más auto-centrada que la del hombre. Dejando aparte el lamento de Mick Jagger, las fantasías masculinas se centran en dar satisfacción, no en recibirlo. Los hombres se ven a sí mismos en sus fantasías llevando a las mujeres al orgasmo, no a sí mismos. Las mujeres ven al hombre, consumido por una lujuria incontrolable hacia ellas, llevándolas hacia el éxtasis. Los hombres desean excitar a las mujeres. Las mujeres desean que los hombres les exciten. Ser deseada es el orgasmo femenino real, afirma Marta Meana, y en sus palabras resuena un tipo de verdad. Después de todo, ¿no deberían las mujeres sentir más celos de la mujer deseada que no puede llegar al orgasmo que de la mujer orgásmica que no es deseada? Meana afirma que este aspecto de la sexualidad femenina también explica la prevalencia de las fantasías de violación en el repertorio de fantasías femeninas. Las fantasías de violación, tal como lo entiende, en realidad son fantasías de rendición, no anhelos de daño y castigo, que surgen del deseo femenino de ser deseada por un hombre hasta el punto de hacer que pierda el control. Según esta lógica, la fantasía trata realmente sobre la rendición voluntaria al hombre codiciado, en su incapacidad para detenerse a sí mismo, evidencia la suprema deseabilidad de la propia mujer. De acuerdo con este punto de vista, el matrimonio monógamo sí funciona para las mujeres a un cierto nivel: proporciona seguridad, intimidad, y ayuda con los niños. Pero la monogamia, por otro lado, sofoca el deseo sexual femenino. Tal como escribió recientemente el avispado Toni Bentley, reflexionando acerca de un nuevo libro sobre este tema del periodista Daniel Berger: “Virtualmente no existe ningún problema sexual femenino, hormonal, menopaúsico, orgásmico o simplemente falta de interés, que no pueda resolver un nuevo amante”. Al final, las evidencias acumuladas parecen revelar un elemento paradójico en el núcleo del deseo femenino, una tensión entre dos motivaciones en conflicto: por un lado está el deseo de estabilidad, intimidad y seguridad. Podemos imaginar la llama de una cocina de gas: algo controlado, utilitario, domesticado y bueno para hacer la cena. Por otro lado está la necesidad de sentirse total e incontrolablemente deseada, como objeto de la lujuria primordial masculina. Imaginemos una casa en llamas. Hasta Freud habría aprobado una explicación así. Publicado en Psychology Today y reproducido con permiso Taxonomía: Ciencia y sociedad, Divulgación Científica, Tercera Cultura, Traducciones 5 Comentarios Emilio says 22 octubre, 2013 He tomado el párrafo que comienza por: No tan rápido…para una entrada en mi blog, porque siendo el núcleo central del mismo todo lo relacionado con los sexos y la igualdad, me parece especialmente significativo de un estado de cosas en relación con la perspectiva de género y la marcha de las políticas feministas, caracterizado básicamente por estar construido sobre premisas tan dudosas como la que hasta el presente caracterizaban los comportamientos sexuales de hombres y mujeres, ellos todo infidelidad y promiscuidad y ellas todo cercanía e intimidad emocional, imagen incluso cultivada con mimo por representantes de feminismo radical para quienes la la penetración constituía un acto semibárbaro y propugnaban una sexualidad domesticada y limitada prácticamente a las caricias. Hoy sabemos que ese estereotipo no se aproxima a la verdad cosa que corroboran los estudios citados pero también las páginas de contactos de internet y, de una forma más indirecta pero también significativa el importante número de hijos en familias tradicionales que en una sociedad como la tardofranquista no se correspondían con quien se creía su padre biológico Marlén says 23 octubre, 2013 ¡Madre mía!, con lo sencillo que es todo cuando se es honesto consigo mismo y se deja uno llevar por la espontaneidad de su naturaleza. Claro que para eso hay haberse librado de cualquier tipo de prejuicios y presiones sociales. Pero se puede. Lo único que, si acaso, introduciría una serie de variables entre la sexualidad masculina y femenina sería la probabilidad de un embarazo pero, en la época de los anticonceptivos, esa situación debe de aparecer solo si se le busca. Por lo demás, es bastante probable que cualquier diferencia notable entre mujeres y hombres sea, simplemente, cultural. PETER says 2 noviembre, 2013 «Más aún, las evidencias sugieren que las mujeres inician divorcios más a menudo que los hombres, y que se benefician menos del matrimonio que los hombres según medidas de salud, felicidad y riqueza» -que se benefician menos en terminos de riqueza es falso; de hecho es al reves -lo que explica que inicien divorcios mas a menudo que los hombres Miguel says 11 julio, 2016 Si el hombre por naturaleza busca primero se aparea con cualquiera y después viene lo sentimental, porque las mujeres quieren ir en contra de esta naturaleza. Amen Miguel says 21 noviembre, 2016 Muchas gracias por el artículo, me ha encantado y me ha clarificado algunas cosas. Me gustaría también conocer algo de sexualidad masculina. Creo que la sexualidad del hombre no es sencilla ni mucho menos. El problema principal del hombre es que racionalizamos y simplificamos el deseo debido a que queremos respuestas fáciles y rápidas. Pero en el fondo creo que es tan compleja como la femenina y además varía mucho con el individuo. Lo que sucede es que en entornos sociales para sentirse incluido en el grupo se tiende a simplificar las cosas. Deja un comentario Cancelar respuesta Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con * Comentario Nombre * Correo electrónico * Web Recibir un email con los siguientes comentarios a esta entrada. Recibir un email con cada nueva entrada. Previous Post Secesionismo académico de salón Next Post Robots asesinos Síguenos en las redes socialesFacebook Twitter

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InicioMúsicaHistoria y Arte Freud. ¿Cuál era el criterio de Freud sobre la mujer? Hoy 6 de mayo de 1856 nace Sigmund Freud Usted está aquí: Inicio › Eventos › Mayo › Freud. ¿Cuál era el criterio de Freud sobre la mujer? Hoy 6 de mayo de 1856 nace Sigmund Freud Info Freud nació el 6 de mayo de 1856 y murió el 23 de septiembre de 1939. Detalles del evento Cuándo 06/05/2016 de 12:40 a 12:40 Agregar evento al calendario vCal iCal Freud estudió, primero y principalmente, el desarrollo de la sexualidad infantil en el varón. Para él, el sexo “standard” era el masculino. Después atribuyó a la mujer el mismo desarrollo hasta el momento en que la niña se da cuenta por primera vez de la diferencia anatómica entre los sexos, reconocimiento que, según él, generalmente ocurre a los tres o cuatro años de edad. Dice que la niña reacciona siempre a este descubrimiento con un sentimiento inmediato de envidia, deseando tener ella misma un genital masculino, sintiéndose inferior y despreciando a su propio sexo. La interpretación que ella encuentra a su falta de pene es la de haber sufrido una mutilación genital. Este proceso psicológico sería independiente del ambiente social de la niña. Pasada la primera desilusión, la niña llega, sólo paulatinamente y a través de muchos conflictos, a reconciliarse con su propio sexo, pero generalmente subsiste durante toda su vida cierto resentimiento por su femineidad. Además, su falta de pene, que considera casi una inferioridad orgánica, tiene tal vez como consecuencia una inferioridad en el plano psicológico, cultural y moral. Pero como existen rasgos de los dos sexos tanto en el hombre como en la mujer (concepto de la bisexualidad), esta inferioridad no estaría en oposición con las dotes afectivas e intelectuales de determinadas mujeres superiores, porque su capacidad sería sencillamente una manifestación de tendencias masculinas en ellas. Toda esta situación de inferioridad sería consecuencia del desarrollo psicobiológico de la mujer y así, hasta cierto punto, independiente de su ambiente familiar y cultural. Este concepto fue aceptado por todos los primeros colaboradores de Freud. Para muchos psicoanalistas sigue en evidencia aún en la actualidad. Sin embargo, no es casual que hayan sido principalmente psicoanalistas mujeres, menores que Freud en varios decenios, quienes hayan descubierto el carácter defensivo de la envidia del pene. Primeramente fue Karen Horney, que investigó este tema profundamente, aunque con cierto matiz polémico. Después Melanie Klein y su escuela, al estudiar las vivencias psicológicas del primer año de vida, y basándose en el concepto de fantasía inconsciente, logró demostrar cómo, tanto la niña como el varón, reaccionan prácticamente desde el principio de su vida de acuerdo con su sexo y su biología. Pero Melanie Klein y otras analistas mujeres podían profundizar en la psicología femenina más allá de lo que le fue posible a Freud, gracias a él y a sus geniales descubrimientos, y, además, porque ya pertenecían a otra época. Ya no estaban coartadas por el prejuicio de la inferioridad de la mujer, ni ellas, ni las enfermas que ellas estudiaban. Como dije antes, Freud se preocupó principalmente por la investigación de la evolución masculina. Encontró que era más difícil estudiar a la mujer. Sostiene en “Una teoría sexual” (v. Ind. Bibl.) que ella es mas “misteriosa e insincera”. ------------------------------------------------------------------------------ Sigmund Freud y las mujeres Posted by integ905 on Nov - 29 - 2012 En Mayo de 2006 se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de Sigmund Freud, en Freiberg (hoy Checoslovaquia, antigua Moravia), y el 67 de su muerte a los 83 años. Como breve reseña ya que no vamos a dedicarle tiempo ni espacio a su biografía ni a su obra, diremos que fue el tercer hijo de un traficante de lanas judío, 20 años mayor que su madre y el primero de los siete del segundo matrimonio. Su curiosidad por encontrar respuestas a su entorno surgió en el núcleo de su particular familia. La cultura victoriana de la época y su educación judía donde una de las plegarias de todo buen judío era “gracias, OH! Señor por no haberme creado mujer” influyeron en gran parte en sus teoría y estas por ende afectaron a las mujeres no sólo de su época sino de generaciones futuras. Continua la controversia en cuanto a sus teorías las cuales han sido tanto idolatradas como rechazadas por distintos autores y seguidores. Se le ha considerado como un farsante aprovechado y mentiroso en perpetua lucha contra los celos y la envidia y como un genio único y revolucionario. Él se consideraba tan sólo un explorador de doctrinas y teorías. Su énfasis en la teoría de la sexualidad estaba fundado y provocado por las pautas de la sociedad patriarcal y machista en la que se movía y en la cual se intentaba evitar cualquier tema referente al sexo. Su teoría manifestaba la inferioridad femenina, predeterminada por la ausencia del órgano genital masculino. Lo que el llamó “envidia del pene” se hacía patente a través de la represión de los instintos sexuales, base según él de toda neurosis histérica (la histeria sería el resultado de una experiencia traumática basada en un deseo sexual inaceptable). De su teoría psicoanalítica y de su dogmática afirmación del determinismo sexual que hacía de la mujer un ser inacabado y de las aportaciones de algunas mujeres psicoanalistas, nacen los movimientos que profundizan en la psicología femenina. El concepto de psicoanálisis de la feminidad y la teoría del desarrollo se convierten en un cimiento para la revolución sexual y lucha por derechos humanos hasta ahora solo inherentes al hombre. ¿Pensaba Freud que las mujeres eran seres inacabados e infantiles como su teoría indica? No nos cabe la menor duda, pues dedicó parte de su vida a establecer y perfeccionar su teoría del desarrollo y a explicar como la mujer sublimaba sus deficiencias fálicas. Sin embargo, su admiración por ellas fue también evidente siendo su primer objeto de amor su madre a la que necesitaba y pedía atención y cuidados continuos. Más adelante, su vida profesional se llena de mujeres, no sólo como pacientes en su sofá psicoanalítico sino como amigas y consejeras. Freud entendía a sus mujeres pacientes y compartía conocimientos con sus amigas, sin embargo, y para su infelicidad, no pudo comprender a la mujer más importante de su vida, su mujer Martha. Con ella se caso a los 26 años después de cuatro años de una relación pasional a través de cartas en las que en ocasiones le confesaba su inhabilidad de aceptarla como era y su resistencia a pedirle que cambiase por pensar que no tenía derecho a exigir un cambio. Más adelante llega a la conclusión que las mujeres no son dadas a los cambios y que existen para servir y satisfacer las necesidades del hombre. Su mujer decide callar y reprimir su frustración e indefensión social, perdiendo el interés pasional que habían mantenido por carta Son muchas las mujeres que podríamos nombrar en la larga lista de sus pacientes, siendo Anna O la primera de ellas y a la primera a quien Freud diagnosticó una neurosis histérica, seguida por su esposa Martha y cuñada Minna y sus pacientes Emma, Lucy, Elizabeth, Dora, Katharine, María Bonaparte (que más tarde llegó a ser una gran psicoanalista), y otras, sin el apoyo de las cuales no podría haber formulado sus teorías. A todas trató de ayudar a encontrar una salida para sus neurosis haciéndoles conscientes de la necesidad de dedicarse más a ellas mismas. Su admiración por las mujeres se mostraba evidente al dedicarles tiempo y respeto, escuchándolas e intentando ayudarlas a tener una vida más satisfactoria. Una contradicción más en su vida fue su hija Ana por quien sentía respeto y admiración y a quien sin embargo no permitió estudiar medicina por ser mujer. Resulta difícil comprender el porqué aconsejaba y prescribía a las mujeres que se dieran a si mismas y sin embargo mantenía que la mujer estaba predestinada biológicamente a servir al hombre sin el cual, decía él, no podría vivir (atribuía la ansiedad sufrida por las mujeres como la manifestación del miedo a perder al hombre). Se oponía a la emancipación de la mujer aduciendo que sus códigos morales eran de valor inferior a los de los hombres y que estaban dominadas por sus funciones reproductivas. Freud escribe que “la mujer se opone al cambio y que recibe pasivamente sin añadir nada” y en su teoría de la sexualidad establece que “el hombre es anatómicamente superior por lo que la mujer siente envidia del pene del hombre realizándose solo al tener un hijo varón”. Con ello niega que la mujer pueda cambiar sus códigos morales, los cuales siempre permanecerán inferiores a los del hombre y afirma que su finalidad en la vida es la función reproductiva sin la cual no podría tener el hijo varón con el cual sublimar su carencia fálica. La cultura victoriana de la época y su educación y cultura contribuyeron a que Freud considerase a la mujer como un elemento inferior de la especie. Las veía como muñecas que existían sólo en virtud del amor masculino, para querer y servir al hombre y que se interesaban menos que el hombre en la sociedad, siendo su capacidad de sublimación menor. Si la sociedad de su tiempo negaba educación e independencia a la mujer y les prevenía de alcanzar sus potencialidades y los intereses e ideales que les hubiera permitido alcanzar su madurez. ¿Por qué pues se rodea Freud de mujeres? Su actitud hacia la mujer se puede catalogar de rancia y pasada de moda. Sólo la ve en términos de su relación con el hombre y en todas ellas observa problemas sexuales causados por represión sexual y por bloqueo del crecimiento emocional de un YO incompleto e inmaduro biológicamente mermado. Esta determinación biológica auguraba a la mujer una insatisfacción constante y una frustración basada en la certidumbre de no poder igualarse con el hombre, ya que ni siquiera un hijo varón le devolvería el pene con el cual no nació. La teoría de Freud aunque proclamase la revolución y libertad sexual limitó claramente el avance de las mujeres de aquella época. Desafortunadamente estas teorías fueron compartidas por muchos de sus seguidores entre ellos Lacan quien pensaba claramente que la mujer no adquiría los mismos valores morales que el hombre. Su teoría de la castración defiende la envidia del pene freudiano aunque está basada más en etapas de adquisición del lenguaje y proceso. Lacan justifica el odio que sienten las hijas por las madres y dice que éstas las “arrojan a un mundo con herramientas deficientes para socializarse como los hombres”. Alude a las diferencias anatómicas que hacen que el varón adquiera los privilegios fálicos. La teoría moral de Kohlberg afecta de una manera muy profunda a las mujeres del siglo XX. Kohlberg, basándose en Freud, teoriza que las mujeres se bloquean a niveles de desarrollo moral inferiores por su rigidez mental y por la manera tan inmadura de resolver sus problemas. Sin embargo, otros seguidores como Adler y Horney piensan que la identidad de género y la conducta y orientación sexual es el resultado de las experiencias y no de la biología. Horney dice que la falta de pene o “la envidia de pene” freudiana no condiciona a las mujeres a sentirse inferiores sino que es la sociedad la que lo hace por su tenacidad en empoderar al hombre y limitar a la mujer. Estima que la inferioridad de la mujer le viene por la subordinación social y no por la castración fálica por lo que en el momento que la mujer se considere igual al hombre, la sociedad dejara de ejercer poder alguno sobre ella. En contra de la opinión de Freud que dice que la mujer nace con una predisposición a la neurosis por su sentido de “discapacidad” originada por la falta de pene, Adler dice que el hombre y la mujer son iguales y nacen con la misma indefensión y que el patriarcalismo suprime los intentos de la mujer de sobreponerse a la indefensión infantil. La identidad de género y la conducta que el género origina, aduce, eran la consecuencia de las experiencias tanto para los hombres como para las mujeres y que si las mujeres padecían neurosis histéricas éstas no se debían a deficiencias de género sino a la oposición de la sociedad patriarcal a que superasen sus instintos infantiles. La teoría freudiana ayudó y sigue ayudando a muchas mujeres y hombres y nuestra cultura se ha visto enriquecida por ello. Freud siempre necesitó a las mujeres, las ensalzó y las trató, las entendió y comprendió y sin embargo las limitó con su teoría. No obstante, empujó a la mujer a liberarse sexualmente para evitar las histerias neuróticas producidas por “la envidia del pene” y la represión sexual. No podemos negar que aunque su teoría pudo paralizar en cierta manera la evolución de la mujer del siglo XIX también participó al fortalecimiento del feminismo el cual criticó el énfasis freudiano del falocentrismo y el descuido de la sexualidad femenina. Aunque su teoría ha dado mucho que hablar por considerar a la mujer inferior al hombre, le tenemos que agradecer el impulso que dio a los movimientos feministas donde lo femenino deja de estar condenado a ser conceptualizado como una sustitución de una masculinidad previa. Teorías que provocan indignación y controversia por mucho que nos solivianten y que nos hagan discutir son también responsables por elevar el proceso mental a niveles de pensamiento superior y, en su afán de esclarecimiento, a un cambio en la sociedad. Así la teoría freudiana nos llevo a la solidificación de los movimientos reivindicadores de la igualdad entre los sexos y de la emancipación sexual, espiritual e intelectual de la mujer. Movimientos posteriores se preocuparon de la autonomía, derechos, libertades, independencia, tolerancia, cooperación y diversidad de la mujer en la sociedad intentando dejar de ser injusta con las mujeres y rechazando la relación, antes predeterminada, entre la biología y la condición social y humana. Nota: Después de conocer a Martha (1882) estuvieron separados 4 años manteniendo la relación a través de 900 cartas pasionales. La pasión desaparece al casarse. El sabe que Martha no se siente cómoda , que tiene un carácter poco dócil y difícil de ser moldeado. La quiere hacer a imagen y semejanza suya pero no puede y al mismo tiempo escribe:”al ser amado no se le puede convertir en un muñeco sino en una compañera” “pero si no hay nada que cambiar, la relación se vuelve aburrida”. Martha se dedica a él y a sus hijos pero siempre callada con sus sueños de compartir su vida con un igual quebrados. Odette Terol Levy archivado en: Historia Si lo desea, elija otra fecha: Efemérides, por Pedro Beltrán Sitios web del grupo Pedro Beltrán Asociación Europea de Abogados Justinian Lawyers Contacto Avda Maissonave, 30, 2 03003 Alicante (Spain) europea1@aeuropea.com www.aeuropea.com www.abogados-beltran.com Teléfono: +34 965 98 65 40 Fax: +34 965 13 30 92 © 2014 Pedro Beltrán | Aviso legal

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Mantuvo una ‘íntima relación’ con su cuñada”. La psicoanalista Elizabeth Roudinesco tumba al genio en el diván en su libro ‘¿Por qué tanto odio?’. Por Manuela Giménez • Por qué Freud ‘castró’ a la suegra de Isabel II Despreció a los que lo tildaban de ‘sucio judío’ y a quienes esperaban que reconociera su ‘inferioridad racial’. En varias ocasiones ahuyentó, blandiendo su bastón, a los gamberros que lo insultaban. La exclusión social no le acobardaba; es más, consideraba que le vendría bien para conservar su independencia de criterio. Sigismund Schlomo Freud había nacido en Freiberg, Moravia (hoy Príbor, en la República Checa), en 1856. Cuando tenía tres años, su familia se mudó a Viena, la ciudad que se había convertido en el refugio de los judíos de Europa Oriental.Bullying en la universidad Durante sus años universitarios, Freud tuvo que hacer frente al creciente antisemitismo. Lo insultaron e intentaron humillarlo, pero el sentirse fuera de la masa no lo traumatizó; al contrario, consideraba que el hecho de ser excluido, por ser judío, de la ‘mayoría compacta’ le brindaba la oportunidad de conservar su independencia de criterio, lo que le permitiría en el futuro blindarse contra los prejuicios. A Freud no le gustaban nada las liturgias de la sociedad, los coros de protesta, los eslóganes anónimos gritados de forma ciega.Ambición de líder Soñaba con convertirse en el Sócrates de los tiempos modernos. Y para realizar su proyecto no le bastaba la enseñanza universitaria. Necesitaba fundar un movimiento político. Con 44 años había adquirido una gran notoriedad en el seno de un vasto movimiento de renovación de la psicología y de la psiquiatría dinámica que recorría Europa desde finales del siglo XIX. En esa época empezó a reunir a su alrededor, de manera informal, a un círculo de discípulos que, en su mayoría, no pertenecían al establishment académico. Empapados del espíritu vienés, y casi todos judíos, estos hombres, alrededor de los treinta años, tomaron la costumbre de reunirse los miércoles por la noche, tras la cena, en casa de Freud.Los miércoles, tras la cena, los discípulos de Freud exponían en su casa sus atormentadas vidas privadas En cada sesión, sentados alrededor de una mesa ovalada, realizaban el mismo ritual: colocaban en una urna el nombre de los siguientes oradores y escuchaban en silencio la conferencia del que había sido escogido al azar entre los nombres de la urna. Durante una corta pausa bebían café solo y pastelillos. Se sumían en interminables debates mientras fumaban puros y cigarrillos: estaba prohibido leer ningún texto previamente redactado, y ninguna mujer interrumpía este banquete del que Freud, a su pesar, era el profeta laico. En esta época, y durante un corto espacio de tiempo, siempre tuvo la última palabra y todos parecían venerarlo. Sin aquel diálogo que mantuvo entonces con esta primera generación de discípulos, Freud no habría podido alimentar su obra, como hizo retocándola sin cesar a la luz de lo que los contertulios le aportaban. Estos hombres, intelectuales y militantes, representaban esa cultura de la Mitteleuropa. Intentaban calmar sus angustias y dar cuerpo a sus sueños de un mundo mejor. Cuando hablaban de sus casos clínicos, en realidad se referían a menudo a sí mismos, a sus vidas privadas con frecuencia atormentadas.En 1933 se negó a abandonar Viena. No atisbó el peligro del nazismo . Se creyó protegido por las leyes Formaban de alguna manera una especie de gran familia y se parecían a sus propios pacientes, que procedían de su misma clase social. Muchos de ellos fueron pacientes de Freud, y varios tomaron la costumbre de tratar a sus allegados o de dirigirlos hacia la consulta del maestro. Sus esposas, amantes o hermanas se convirtieron en sus pacientes e incluso más tarde en terapeutas. Los hijos de los hombres de este cenáculo fueron los primeros en experimentar el método freudiano, que solo se materializó como tal a partir de 1904. Castidad voluntaria Martha Bernays pasó de ser la prometida deseada febrilmente por Freud a convertirse en esposa y madre colmada, respetada y desprovista de erotismo. Entre enero de 1887 y diciembre de 1895, dio a luz seis hijos. Mathilde, Martin, Oliver, Ernst, Sophie y Anna. La familia se mudó a un piso más grande y se unió a ellos Minna (la hermana de Martha); era la segunda madre de los niños, se convirtió en la acompañante indispensable. También para Freud.Con 40 años optó por la abstinencia sexual para liberar a su mujer de más embarazos En 1893, al ver que Martha estaba agotada por sus sucesivos embarazos, Freud decidió recurrir a la abstinencia. Tras un primer fracaso, que se tradujo en el nacimiento de Anna, su último hijo, se negó a utilizar los métodos anticonceptivos de la época: coitus interruptus, condón, diafragma o esponja. Con apenas 40 años, y con problemas de impotencia, liberó a Martha del temor a una nueva maternidad renunciando a toda relación carnal. Ella se sintió menos angustiada y él, lleno de curiosidad por semejante experiencia, que excitaba su imaginación. Freud con su esposa Martha La vida carnal del más grande teórico moderno de la sexualidad duró pues solo nueve años. Sin embargo, hasta los 60 años, y aunque no disfrutaba de la libertad sexual que preconizaba en su doctrina, Freud tuvo numerosos sueños eróticos: le producía un placer especial el analizarlos y no dejaba de buscar causas ‘sexuales’ a todos los comportamientos humanos. De ahí el que hayan proliferado decenas de libros, novelas y ensayos que ‘demuestran’ que Freud ocultó su sexualidad salvaje y transgresora. Intentó retomar las relaciones carnales con Martha. Pero se sentía viejo y torpe y acabó renunciando a ello: “El erotismo que nos ha ocupado durante el viaje se ha fundido lamentablemente a causa de las penas del trabajo. Me acomodo al hecho de que soy viejo y no pienso ni siquiera de forma constante en la vejez”.Fantasías tormentosas Los rumores sobre la vida sexual de Freud se asientan sobre una realidad que se ha reinterpretado una y mil veces: por una parte, la endogamia y, por otra, la teoría de la sustitución. Fascinado desde su infancia por el deseo del incesto, los matrimonios consanguíneos, las relaciones intrafamiliares y las genealogías bastardas, Freud veía en cada hija la imagen negativa o positiva de la madre o el reflejo invertido de la hermana; y en cada tía o hermana una sustituta de la madre. Al mismo tiempo, consideraba a cada hijo o yerno como el heredero del padre o del abuelo, o como el cómplice del hermano. Esta es la razón por la cual convirtió a su cuñada Minna en su ‘segunda esposa’, su hermana y su confidente más íntima.Inocencia ante Hitler En marzo de 1933, al igual que tantos austriacos, Freud no percibía el peligro que el nazismo representaba. Se creía protegido por las leyes y, a pesar de los consejos de sus amigos extranjeros, se negaba a abandonar Viena. “No es seguro que el régimen de Hitler se adueñe de Austria. [ ] No existe con seguridad ningún riesgo personal para mí, y si usted cree que la vida bajo la opresión será lo suficientemente incómoda para nosotros, los judíos, no olvide, en este sentido, lo poco agradable que se presenta para los refugiados la vida en el extranjero, ya sea en Suiza o en Inglaterra”, respondió a un amigo.En una polémica dedicatoria llamó “hombre poderoso y campeón de la cultura” a Mussolini Pensaba que el canciller Engelbert Dollfuss, conservador y nacionalista, aliado de Benito Mussolini, era el mejor situado para enfrentarse al partido nazi austriaco, que buscaba anexionarse a Alemania lo más rápido posible. No sentía ninguna simpatía por el dictador fascista y católico austriaco, pero pensaba que la instauración de un régimen autoritario era un mal menor para los judíos. Aceptó pues la suspensión de las libertades fundamentales puesta en marcha por Dollfuss: supresión del derecho de huelga, censura de la prensa y persecución de socialistas y marxistas. Y cuando el 12 de febrero de 1934 el canciller ahogó en sangre la huelga general promovida por los militantes socialistas, Freud permaneció neutro. “Los rebeldes pertenecían a la mejor parte de la población, pero su éxito habría sido de corto alcance y habría causado la invasión militar del país. Además, eran bolcheviques y no espero nada bueno del comunismo”, escribió.Fascinado por el poder Edoardo Weiss, psicoanalista instalado en Roma, lo visita en abril de 1933. Había pensado varias veces en huir del fascismo, pero el maestro le había aconsejado que permaneciera en Italia. Weiss llegó a Viena en compañía de Giovacchino Forzano, un amigo muy cercano de Mussolini. Fue Forzano quien pidió a Herr Professor que le diera una foto y un libro suyo acompañado con una mención autógrafa para el líder de los fascistas italianos. Preocupado por proteger a Weiss, que organizaba el movimiento psicoanalítico en Italia, Freud accedió a hacer aquella dedicatoria.En 1938 se percató del peligro y se exilió a Londres con parte de su familia. No se salvaron todos: cuatro de sus hermanas murieron en campos de exterminio nazis Tomó de su biblioteca un ejemplar del libro ¿Por qué la guerra? y redactó un texto que suscitaría violentas polémicas: “Para Benito Mussolini con los saludos humildes de un hombre viejo que reconoce en el hombre poderoso a un campeón de la cultura”. Admiraba a los conquistadores, pero le horrorizaban los dictadores. lo prueban sus escritos y sobre todo la elección del libro. Hay que desconocer la historia para pensar que Freud haya sido fascista.El 11 de mayo de 1933, Goebbels ordenó la quema de veinte mil libros ‘judíos’ en la Opernplatz de Berlín, entre ellos los de Freud. Desde Viena, el padre del psicoanálisis repuso. “Qué de progresos hemos hecho. En la Edad Media, me hubieran quemado. Hoy se contentan con quemar mis libros”. Pensaba que el nazismo era solo la expresión de un antisemitismo recurrente.Las mujeres de FreudSu madre.  Sigmund fue el mayor de los ocho hijos de Jacob (comerciante de lana) y Amalia. Fue el claro favorito de su madre, a la que adoraba. Si un hombre ha recibido de niño el cariño indiscutible de su madre, mantendrá el resto de su vida un sentimiento de triunfo, la confianza en el éxito , dijo Freud. A él le sucedió. su madre estaba convencida de que su niño era extraordinario y se lo hizo saber. Sus hermanos sintieron celos.Sus ‘esposas’: Martha y Minna. Minna, la hermana de su mujer, vivió muchos años con los Freud. A los rumores que ya tildaban a Sigmund de ser libidinoso, un abortero clandestino, frecuentador de burdeles y adicto a la masturbación, se sumaron los de que se acostaba con su cuñada.Y sus hijos Sigmund Freud con su hija, AnnaSus hijos. ¿Cómo se llevó con los varones? Ernst y Martin con su padre en 1914, cuando combatían en la Primera Guerra Mundial. Ernst era el pequeño de los tres varones. En 1939 se nacionalizó británico. Fue arquitecto y el padre del pintor Lucien Freud. El mayor de los chicos era Martin (con bigote). Estudió Derecho y trabajó como contable. Freud no fue un padre estricto.Su hija Anna. Su discípula. Freud tuvo tres hijas: Annerl (así la llamaba Freud) era la menor. De adolescente se colaba en los cenáculos de su padre. Fue pionera en el psicoanálisis infantil. PARA SABER MÁS ¿Por qué tanto odio? Elisabeth Roudinesco (Libros del Zorzal), 2011. Te puede interesar El lado más íntimo y personal de Lucian Freud retratado en un libro Etiquetas: Freud, Hitler, nazis, psicología ¡Demonios! 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